29.5.11

Receta del trébol.

En el trébol somos fanáticos de las palabras; no ponemos restricción a la hora de publicar cosas siempre y cuando se desee que el mundo las conozca.

Hoy les traemos una receta de resultados muy satisfactorios, cortesía de la casa. Se trata de un platillo ligero, saludable, fácil y rápido de preparar. Un agradable desfile de sabores que su paladar agradecerá en estos días cálidos. En general, se busca que la textura suave del pescado se acompañe de un sabor agridulce y se contraste con sabores más fuertes.

Lamentamos no poder compartirles fotos del platillo terminado o su preparación, pero podemos asegurarle que se ve delicioso y su boca estará de acuerdo. Saque lápiz y papel o prenda la impresora ¡Aquí vamos!


PESCADO EXTRAVIADO
(4 personas. Nivel fácil. 15-20 minutos, 10 a la segunda vez que lo prepare.)

Ingredientes:
- Filete de tilapia o carpa (8 pzas tamaño mediano/pequeño)
- Tocino o bacon (100 grs.)
- Piña o ananás bien madura (una rodaja mediana/grande o equivalente en peso al pescado)
- Queso manchego o queso oaxaca (200 grs.)
- Germinado de alfalfa

Agregue al gusto:
- Limón
- Sal
- Pimienta negra
- Orégano, epazote seco o albahaca seca.

PREPARACIÓN

  • El pescado debe estar fresco o al menos bien descongelado. Salpimentar y reservar.
  • Corte el tocino en pedazos de 10 cm. aprox, poner a freír a término medio en sartén hasta que haya soltado la mayor parte de grasa y aún no quede bien dorado. Dejar cocinando.
  • Quitar la corteza a la piña y cortar en cubos pequeños de aprox. media pulgada.
  • Haga a un lado los trozos de tocino y agregue el pescado para freírlo en la grasa que soltó la tocineta. Suba un poco el fuego para que el pescado quede ligeramente dorado. Aparte el tocino.
  • Al mismo tiempo y en otra sartén, dore los cubitos de piña.
  • Ya que el pescado esté preparado, poner en un refractario o platón y agregar la piña procurando cubrir bien los filetes.
  • Agregamos el queso a la cobertura de la piña. Deshebrar si se trata de queso oaxaca, rayar si se trata de queso manchego y cubrir de forma generosa la piña.
  • Metemos el platón o refractario al microondas y horneamos hasta que el queso gratine pero sin hacer costra, esto no debe tomar más de un minuto.
  • Sacamos del horno y servimos dos filetes en cada plato, moler con los dedos el epazote, la albaha o el orégano y espolvorear un poco sobre el queso.
  • Sirva el tocino a un lado de los filetes.
  • Servir el germinado a manera de ensalada, agregue sal y limón al gusto.

Sugerencias:
- Agregue tomates cherry partidos a la mitad al germinado.
- Una salsa picante de manufactura sencilla y término medio le va perfecta al queso y la piña.

Receta para salsa picante:
- Jitomate, tomate saladet, bola o cualquiera de la variedad roja. 3 pzas medianas.
- Chile (ají) verde. 2 pzas.
- Cebolla. La mitad de una pequeña.
- Ajo. Dos dientes no muy grandes.
- Aceite de oliva.
- Aceite de girasol, maíz o canola.
- Sal.
  • Con una servilleta, unte una plancha/comal/sartén con aceite de maíz/girasol/canola y caliente a buen término, esto es, que se aprecien unos hilillos de humo.
  • Agregue los chiles, los jitomates, la cebolla y el ajo y dore de manera más o menos superficial. Ocasionalmente, dé vueltas a los tomates para que quede un mejor asado, procure que la cebolla quede consistente y los chiles no muy "toreados".
  • Poner en la licuadora todo lo que estaba asando, agregue un chorrito de aceite de oliva y una cantidad generosa de sal. Licuar a potencia media, para que no quede muy líquido.
¡Provecho! ¡Bon appetit! 
No se olvide de comentar y preguntar por nuestros servicios de edición freelance.
Hasta la próxima.

27.5.11

Cuento para el Primer concurso literario de estío de la revista Meretrices.

En El Trébol estamos contentos de traerles, querido público, un cuento cortesía de la casa. Esperamos sea de su agrado y recuerde: si le gusta, comente y regrese que al fin y al cabo es gratis.

ESTAMPA DEL NORTE                                                
 por Sr. Cloverfield.

(I) – Tres meses sin avances Rodríguez,  ante el patronato dijo que no excedería de fin de curso – Sentenció el rector – Tendrá que buscar financiamiento o cancelar…
El Dr. Rodríguez, catedrático investigador del Politécnico de Sinaloa, peinó su cabellera con los dedos de forma algo nerviosa. Había estado trabajando en una aleación metálica bastante promisoria y ahora el rector le daba el ultimátum al proyecto de toda una vida.
– No lo sé – En la voz de Rodríguez había un leve pesar – No creo que alguien se interese.
El rector le dio al catedrático algunas tarjetas de negocios con diferentes nombres y le sugirió organizar una ponencia. Después de todo era un hombre que apreciaba el esfuerzo.

(II) Había sido una noche común y corriente en Tijuana. 17 muertos aún contando al último que se reportó entre las calles de Ayala y Agrarismo. Una jornada de lo más ordinario en las oficinas de la Procuraduría General de la República. En su cubículo, la comandante Antelma ‘la nazi’ Osorio recibía a un uniformado con noticias urgentes.
– Homicidio en el suroeste, comandante, un acribillado por balas electrovoltaicas.
– ¿Y eso qué pinches tiene de raro? – retrucó ‘la nazi’.
– Eran de primera generación comandante, alta densidad, del tipo M-Tesla.
– Ah-chingá, ah-chingá… – musitaba ‘la nazi’ al leer el informe, levantó la vista y de manera casi automática encendió el radio, se comunicó con la central y dio la orden – Clave 40, repito ¡clave 40! ¿Me copian? – Osorio, de piel morena y rasgos delicados, sacó a flote la fuerza de mando que era el origen de su peculiar apodo.
– Copiamos comandante, esperando órdenes, cambio.
– Cerco geno-dinámico 1-ZX en todas las salidas, sólo gamma y delta con permiso químico salen, comuníqueme con Mexicali y den parte al gobernador, cambio y fuera.
– Copiado. Transmisión a Mexicali entrante, central judicial de Tijuana fuera.
– Comandante, reporte de ataques por electrovoltaicas, dos en el sur y dos el centro – Irrumpió un nuevo uniformado de voz urgente, cuadrándose junto a su compañero y entregando a ‘la nazi’ la hoja con los datos.
– Me lleva la chingada… Órale güeyes, a chambear que esto se va a poner feo – Sin aflojar el tono férreo en su voz, ‘la nazi’ recordó sus clases en la academia: “los cartuchos tritio/níquel/cobre fueron desarrollados en el 2018 y se usaron principalmente en guerrilla urbana”  – ¿A quién riatas se le ocurre usar pistolas de hace un siglo en una revuelta? – Refunfuñaba ‘la nazi’ mientras se calzaba su antibalas, casco y su ametralladora de plasma.
En los implantes neurales de algunos agresores recién fallecidos, peritos del Servicio Médico Forense encontraron palabras como “revolución” “civil sin registro” o “DeMon Corp” y referencias a documentos antiguos rescatados de un viejo edificio.
A la madrugada del lunes, un tercio del cuerpo judicial había fenecido a manos de los insurgentes y algunos incendios cobraban víctimas al este de la ciudad, al atardecer las llamas se habían extendido por media ciudad y el 78% de los judiciales habían sido muertos o desaparecidos. Antelma ‘la nazi’ Osorio murió durante una operación de emergencia después de un improvisado asalto al cuartel general de los insurrectos.

(III) El rancho La Providencia estaba a algunos kilómetros de Médanos, cerca de la frontera con Sonora. Gerardo ‘la liebre’ intentaba afanosamente abrir una zanja que llevara agua a los plantíos de algodón desde el modesto pozo del rancho. Fue un golpe de suerte que Gerardo diera con un cable blindado en pleno canal, en ocasiones anteriores había encontrado pedazos de muy vieja basura metálica por los caminos de sus plantaciones pero esto era diferente. Con algo de esfuerzo, ‘la liebre’ logró sacar por completo una caja de dimensiones considerables y al quitarle una tapadera se encontró lo que parecía un motor antiguo, unas barras de hierro y manuales técnicos.

La Providencia se consagró como el principal productor de algodón durante la anunciada sequía y su producción agrícola comenzó a despuntar en la región. A casi un siglo del colapso civil de Tijuana, poco se sabía ya de ‘la liebre’ y mucho se comenzó a hablar de Don Gerardo, magnate que muriera apenas entrada su madurez a manos de un famélico puñado de asaltantes que irrumpieron en La Providencia con la intención de llevarse un rumorado motor mágico que hacía fértiles las arenas del desierto.

(IV) Alejandra, pasante de ingeniería en nuevos materiales, compartía la tristeza de su profesor al ver que los convocados abandonaban la sala de juntas. Todos, menos uno de notorio temple que se dirigió al profesor con un marcado acento del norte.
– Les compro la patente, estoy interesado en almacenamiento energético de alto nivel.
– Señor, mis convicciones me dictan que primero es el pueblo y luego la ganancia.
– ¿Qué pide a cambio? – Preguntó el ofertante con aire de naturalidad. Alejandra y su profesor intercambiaron ideas al oído, finalmente habló la joven.
– El 55% de las ganancias divididas entre el politécnico, el resto del equipo y nosotros, además de su palabra de no interferir en la dirección de la investigación, señor…
– Monroy. Delfino Monroy. Tienen los dos mi palabra– dijo el ofertante extendiendo la diestra para estrechar la mano del profesor, la chica y dar por cerrado el trato.

(V) Derribado momentos atrás, el helicóptero que llevaba al Dr. Rodríguez  y al único prototipo de su irrigador de níquel/fósforo ardía en aquella planicie desértica. La investigación había concluido algunas horas antes de la tragedia y muchos años después de que Rodríguez entrara a DeMon-Corp. En una loma a algunos kilómetros del siniestro, Delfino Monroy bajaba los binoculares con los que contemplaba la escena. La columna de humo se distinguía perfectamente en el horizonte, no era necesario buscar sobrevivientes.

FIN

20.5.11

Sonidos y voces en armonía: una tarde polifónica.

Era una tarde tranquila en el ágora de la facultad de leyes, en la atmósfera se sentía la frescura de la tarde menguante tan propia de las semanas que preceden al verano. La concurrencia había sido generosa, un evento pequeño sin mayores pretensiones. Podríamos decir, sin temor a equivocarnos, que la premisa principal detrás de este evento era el simple hecho de disfrutar la práctica del arte acústico construido de palabras y notas musicales soltadas al viento.
Polifonía cultural es un colectivo que reúne variados sonidos y voces, haciendo justicia a su nombre que abreba directamente del griego antiguo. Muchos y distintos efectos acústicos logrados por la palabra hablada y la música. Juegos auditivos al fin y al cabo, cada uno con sus reglas y matices y particularidades con las que se deleita al oído de la misma manera que deleitamos a otros sentidos como el gusto o la vista.
De tono femenino y amable, una primera voz suena por los altavoces dando la primera llamada, comienza a sonar rock ácido, el público cuchichea y se oyen las reminiscencias entrecortadas de charlas aleatorias entre los presentes. 
Segunda llamada, la misma voz, con un tono más apurado. Hacen acto de presencia las actividades al segundo tan características de los minutos previos al comienzo de cualquier acto público. En el escenario son patentes los vaivenes de los técnicos convertidos en organizadores y los organizadores convertidos en técnicos.
Cuando nadie lo esperaba, en un momento que parecía destinado a resolver algún problema de sillas, cables u hojas extraviadas, la voz femenina se detiene frente al micrófono, da la tercera llamada y comenzamos.
Una breve bienvenida, una semblanza personal del evento, sus motivos y sus participantes. En la voz de la presentadora suena el timbre de quien hace público algo meramente personal. Nervios, agradecimientos. Aparece una figura masculina haciendo una reseña sobre el primer participante: el sonido de una guitarra que canta melodías españolas y piezas de Manuel M. Ponce durante varios minutos. 
La guitarra se calla. Aparece la voz femenina de una flauta que llega a acompañar en la ejecución de las primeras dos de tres piezas escritas para piano por Eric Satié: las sublimes gymnopédies 1 y 2. El ritmo, velocidad y sonido grave de la guitarra suple de forma adecuada al sonido de las cuerdas del piano. El silbido de la flauta - naturalmente más agudo que el tono general de la guitarra - le da una esencia distinta a la obra al tratarse de un sonido constante de matices bien contrastados y no el sonido aislado de las teclas cuando son pulsadas. Termina la traducción a cuerda y viento de la obra para piano y sigue la ejecución de una partitura escrita, ahora sí, para sendos instrumentos. Obra por demás peculiar pero de excelente efecto.
Al callar la flauta, calla la guitarra y una voz que ya estaba en el escenario se atreve a sonar de manera distinta. El guitarrista decide prescindir de su instrumento de cuerda y anuncia que recitará algunos poemas de cosecha propia. Su formación como músico se transparenta en su recital, la estructura de sus poemas son ricas en sonoridad y rima, en la presencia de la palabra, en la estructura lingüística y el malabar gramático, al estilo de Girondo, pero sin tanto surrealismo y siendo versos más bien sobrios nacidos de la presencia y experiencia del músico ahora haciendo melodías de sus palabras.
La audiencia no ha dejado de aplaudir. Al acabar la ejecución de una obra se oye la honestidad del aplauso enérgico, a momentos más que menos, pero sin duda bien ganados. Las piezas y poemas son ejecutados sin errores, a la velocidad precisa, con el tono adecuado. El músico poeta da las gracias y se retira, la voz que nos dio la bienvenida aparece nuevamente, hablando en ese tono personal y apreciativo del acto que presenciaremos a continuación.
Una nueva guitarra sube al escenario. Aparece una nueva voz que no es la del segundo guitarrista. Un acento vagamente extranjero que agradece la presencia de todos y se pierde en un español perfectamente utilizado para llevarnos por campos de ásperas vivencias, desolación humana e incursión bohemia. El sonido de la guitarra juega libre pero atado al sentimiento de la poesía que sale a flote por la habilidad teatral con que el autor adereza tan atinadamente el contenido de sus palabras.
Esta parte del recital tiene más de performance que el resto del programa, el poemario no es tan intrínsecamente musical como el anterior. El panorama que ofrece la guitarra se acopla a la figura del actor poeta que ejecuta escenas de arrebato. Aparece un violín, desaparece la voz y figura del poemario. La guitarra se calla y el violín comienza el llanto con una pieza de Carlos Gardel. Llega un breve silencio. 
La figura de los poemas aparece disfrazado de un trozo de noche, enfundando un traje de marcada tendencia oriental en tela obscura con brillos de fantasía. A la manera de un Principito crudo, místico e introspectivo que Saint-Exupérty nunca se hubiera atrevido a imaginar por ser simplemente demasiado sombrío y adulto. El poemario termina en una apasionada pieza sobre la risa y la soledad, amalgama agridulce donde las haya. 
La gente aplaude. El auditorio ha sido fiel a la obra y sólo algunos cuantos han dejado vacío su lugar mientras que otros muchos llegaron a ocupar lugares que al principio de la velada estaban sin dueño. El público se retira.
Ya es noche y sólo hay luz artificial, amarillenta, proveniente de las farolas que alumbran la calle y algún carro que pasa con sus destellos blancos abriéndose paso en este segundo atardecer. Los adoquines, árboles y columnas de cantera le van bien a la sensación del aire frío que acompaña a esta peculiar noche. Es como viajar en el tiempo un par de milenios y varios siglos más. Una tarde particular donde la pasión, la música y la palabra se dieran cita en el ágora de la facultad de leyes para formar un ensamble de distintas voces y sonidos, sin mayor pretensión que la de disfrutar de las pasiones traducidas al lenguaje acústico por la magia del arte y su práctica.