10.6.11

En la búsqueda del actuador.



Existen escultores, pintores, bailarinas y bailarines y todos los que aparecen en una pantalla grande o chica y que hemos tenido a mal llamar “artistas”. Hay quienes dominan la palabra escrita y la hablada y también está Francis Alÿs (Amberes, Bélgica, 1959) que nos habla en un lenguaje que no existe más allá de si mismo.

Para muchos y por mucho, uno de los artistas vivos que tienen mayor reverberación en el panorama de nuestros días por el manejo de la lengua de la acción, entendida como término sacado de la academia del arte y también la acción en el castellano sencillo; la acción que vale más que mil palabras y hasta aquí podemos decir que Alÿs no pinta, baila o escribe sino que hace.

Alÿs, entonces, no es sino un actuador en un mundo plenamente transformable que es nuestro mismo mundo, su obra contiene el innegable sentido de la ejecución de un mundo de posibilidades traído a una realidad fría. Es el sentido de supeditar la expresión a la vivencia por la misma magia del actuar y hacerlo con suficiente pericia como para que, aquellos que nunca estuvimos en sus acciones, revivamos la musa de las mismas con el solo registro visual, acústico o literario.

Luisa Fernanda Gutiérrez y César Castillo se han dado a la tarea de montar ¿Alguien ha visto a Francis Alÿs? una metaacción, suma de diferentes acciones e intervenciones en el corazón capitalino, traído a cuenta en la exposición Parque México, impulsada por Plataforma Arte Contemporáneo, en que se relata la búsqueda de Alÿs por parte del grupúsculo de jóvenes artistas que hacen una apología del efímero pero significativo hecho de ser fan de alguien cuya obra posee tanto peso en estos tiempos como puentes.

Accediendo de forma sumamente inspirada en obras anteriores de Alÿs y con inquisitivos mensajes nacidos en el imperativo anonimato del ambiente metropolitano, Gutiérrez y Castillo han comprometido la imagen del fan llevándola a sus últimas consecuencias, más allá de la declaración o acaso encontrándola en las intervenciones de lugares identificables como la quintaesencia capitalina de México: pararse por horas fuera de la catedral junto a los tradicionales chambitas freelanceros con un cartel que pide por señas sobre el actuador Alÿs, subirse a los vagones del metro con un megáfono espetando a decenas de decibeles “¿Alguien ha visto a Francis Alÿs?”, pegar carteles en los pasos a desnivel, acudir con un tatuador e imprimirse en la piel la imagen de una de las acciones del slovenio.

En ¿Alguien ha visto a Francis Alÿs? Encontramos una sobria defensa de la búsqueda del consabido non plus ultra del arte vivo utilizando su mismo lenguaje de actuar y hacer, convirtiéndose ellos mismos en actuadores de un idioma sintáctica y semióticamente ilimitado, rindiendo honores a la huella que ha dejado Alÿs en los jóvenes artistas.

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